Un antes y un después
Hay hechos que marcan un antes y un después en la historia de una organización. Momentos únicos que abren una nueva etapa y cambian para siempre el rumbo de un proyecto.
En nuestro caso, ese momento llegó en 2017, cuando participamos y ganamos el Desafío Google para Latinoamérica. Aquel reconocimiento no fue solo un premio: fue el punto de partida de una transformación que marcaría un antes y un después en nuestra historia.

El Desafío Google
El Desafío Google fue una iniciativa de Google.org, la organización filantrópica de Google, que destinó 5 millones de dólares para apoyar proyectos de impacto social y ambiental en Latinoamérica.
La iniciativa se desarrolló a través de una convocatoria y un concurso regional, en el que participaron organizaciones de distintos países, entre ellos Argentina, Chile, Perú, Colombia y México.
Nosotros decidimos postular con nuestro proyecto de producción de ladrillos ecológicos, una propuesta que buscaba transformar residuos plásticos en materiales para la construcción.
El camino hacia la final
Poco tiempo después de enviar la postulación, tuvimos una entrevista virtual en la que nos hicieron muchísimas preguntas: sobre nuestro proyecto, el impacto que queríamos generar, qué haríamos si ganábamos los fondos, cómo pensábamos escalar nuestro impacto en la región y muchas otras cuestiones técnicas. También revisaron en detalle la documentación y los aspectos formales de la organización.
Por suerte, teníamos todo lo que solicitaban y cumplíamos con los requisitos.
Nuestra propuesta no se limitaba a aumentar nuestra capacidad para producir ladrillos ecológicos y transformar residuos plásticos. También planteábamos crear una gran red en Argentina de recolectores y transformadores de residuos plásticos, para que el proyecto pudiera generar un impacto mucho mayor.
Unas semanas después recibimos una llamada que cambió todo: el jurado nos había elegido como uno de los tres proyectos finalistas de Argentina, junto con Nilus y Señas en Acción.
Para nosotros fue algo increíble. Ser finalistas ya nos aseguraba un premio equivalente, en ese momento, a unos 350.000 dólares, lo que nos daba la posibilidad de dar un salto enorme en nuestro proyecto.
Pero todavía faltaba una instancia más: la votación del público. Uno de los tres proyectos argentinos sería elegido para representar al país en la final regional, en México.
Durante varias semanas hicimos campaña a través de nuestras redes, buscando que la mayor cantidad de personas conociera y apoyara nuestro proyecto.
Y, para nuestra sorpresa, volvimos a ser seleccionados.
EcoInclusión fue elegido como el mejor proyecto de Argentina y quedó seleccionado para competir en la final regional en México, junto con los proyectos finalistas de los demás países participantes.
Lo que había comenzado como una postulación se estaba convirtiendo en una oportunidad que podía cambiar por completo el futuro de nuestra organización.
La final en México
Viajamos a México para participar de la gran final regional. A mí me tocaba hacer el pitch final: tenía apenas tres minutos para presentar nuestro proyecto frente al jurado.
Recuerdo que, durante los días previos, personas del equipo de Google nos ayudaron a preparar la presentación. Incluso convocaron a especialistas para que nos dieran consejos sobre cómo comunicar y presentar un proyecto de impacto. Fueron aprendizajes que recuerdo hasta el día de hoy y que todavía utilizo cuando tengo que dar una charla o presentar una propuesta.
Finalmente llegó el día de la final. Pude hacer mi pitch completo —que todavía está disponible en mi canal de YouTube— frente a un jurado realmente increíble: Jacquelline Fuller, presidenta de Google.org; Adriana Noreña, vicepresidenta de Google para Hispanoamérica; Shakira; Diego Luna; Rigoberta Menchú; Gabriel Baracatt y Anamaría Schindler.
Después de la presentación llegó el momento de la deliberación. Y entonces ocurrió algo que todavía hoy me cuesta creer: fue la propia Rigoberta Menchú quien anunció que EcoInclusión era la gran ganadora.
No lo podíamos creer.
Además de los US$350.000 que ya habíamos obtenido como ganadores nacionales, recibimos otros US$250.000 por ganar la final regional, alcanzando un premio total de US$600.000.
Para nuestro proyecto fue algo enorme. Nos permitió pensar en una escala que hasta ese momento parecía imposible y, al mismo tiempo, nos dio una visibilidad y un reconocimiento a nivel latinoamericano que marcarían una nueva etapa en la historia de EcoInclusión.
De Córdoba a Latinoamérica
Este hecho nos abrió muchas puertas. Empezamos a recibir llamados de organizaciones que querían replicar nuestro modelo, generar impacto en sus ciudades y transformar los residuos plásticos de la misma manera que lo hacíamos nosotros.
A partir de ese momento, comenzamos a dedicar parte de nuestro trabajo a capacitar a otras organizaciones, con el objetivo de construir una gran red latinoamericana de proyectos capaces de reciclar, transformar residuos y generar oportunidades a partir de ellos.
A lo largo de estos años recorrimos 9 provincias de Argentina y capacitamos a más de 300 organizaciones en transformación de residuos y reciclaje inclusivo.
Pero el desafío no termina ahí.
Nuestro objetivo es seguir llevando este propósito a toda Latinoamérica: no solo para impulsar el reciclaje, sino también para acompañar y fortalecer emprendimientos capaces de generar un impacto positivo en el ambiente y en las personas.
Porque aquel desafío que comenzó en 2017 no fue solamente un premio. Fue el comienzo de un camino que todavía estamos recorriendo.





