Hace algunos años leí una frase de Eduardo Galeano que se me quedó dando vueltas: para mirar el mundo hacen falta un ojo en el microscopio y otro en el telescopio.
Me gusta pensar que esa idea también puede aplicarse a la manera en que trabajamos para generar impacto social y ambiental.
Un ojo en el microscopio para mirar de cerca: entender a las personas, conocer un territorio, escuchar sus problemas y trabajar sobre aquello que tenemos delante. Y otro en el telescopio para levantar la mirada: comprender el contexto más amplio, observar qué está pasando en el mundo y, especialmente, en América Latina, identificar los problemas que atraviesan nuestras fronteras y preguntarnos cómo podemos desarrollar soluciones locales capaces de generar un impacto a gran escala.
Durante muchos años mi mirada estuvo puesta principalmente en Córdoba. EcoInclusión nació allí y durante más de una década trabajamos sobre un problema concreto: qué hacer con los residuos plásticos y cómo convertirlos en una oportunidad ambiental, social y económica.
Trabajamos con cooperativas, empresas, municipios y organizaciones sociales. Desarrollamos productos, capacitaciones y proyectos y aprendimos, muchas veces a fuerza de prueba y error, qué significa intentar construir una organización de impacto en el mundo real.
Ese trabajo de cerca fue fundamental. Me enseñó que los problemas no existen solamente en los informes o en las estadísticas. Tienen nombres, historias y personas detrás.
Una tonelada de plástico no es solamente una cifra: son materiales que alguien recuperó, clasificó y trasladó; son horas de trabajo; son oportunidades económicas y también decisiones que afectan a una comunidad determinada.
Levantar la mirada
Pero con el tiempo empecé a levantar el otro ojo.
Empecé a viajar, conocer otros territorios y conversar con personas que estaban intentando resolver problemas similares en distintos lugares de Argentina y de América Latina. Y ahí empecé a ver algo que desde Córdoba era mucho más difícil de dimensionar: muchos de los desafíos que habíamos encontrado durante estos años no eran problemas locales.
La gestión de residuos, la falta de oportunidades, la dificultad para generar empleo, la necesidad de fortalecer emprendimientos y organizaciones sociales y la distancia entre las soluciones existentes y quienes podrían financiarlas, comprarlas o replicarlas aparecen, con diferentes características, en prácticamente toda la región.
América Latina tiene una enorme cantidad de personas que están haciendo cosas extraordinarias con recursos muy limitados. Hay organizaciones que desarrollaron soluciones durante años, emprendedores que conocen profundamente los problemas de sus comunidades y empresas que están buscando nuevas maneras de generar impacto.
Sin embargo, muchas de esas experiencias permanecen aisladas.
Ahí empezó a interesarme cada vez más la posibilidad de construir una mirada latinoamericana.
No significa pensar que todos los países son iguales ni que una solución desarrollada en Argentina puede trasladarse automáticamente a Perú, Ecuador, Colombia o cualquier otro lugar. Todo lo contrario.
Una mirada latinoamericana implica reconocer nuestras diferencias, pero también encontrar los problemas que compartimos, aprender de las distintas formas en que cada territorio intenta resolverlos y encontrar conexiones que permitan que una buena solución pueda llegar más lejos.
Conectar experiencias y escalar el impacto
Mi experiencia con EcoInclusión me dio una perspectiva concreta sobre economía circular y emprendimiento de impacto. Aprendí sobre residuos, producción, alianzas, empresas, gobiernos, cooperativas y comunidades. También aprendí sobre las dificultades de conseguir recursos, encontrar mercados, sostener equipos y hacer que un proyecto pueda crecer.
Hoy quiero poner toda esa experiencia en diálogo con otras realidades.
Por eso, cada vez tengo más interés en recorrer distintos lugares, acercarme a quienes están impulsando proyectos y conocer de primera mano las realidades en las que trabajan. No solo para visibilizar sus historias, sino para aprender de sus experiencias, identificar desafíos comunes y descubrir qué nuevas posibilidades aparecen cuando el conocimiento, las ideas y las soluciones comienzan a conectarse.
Como nuevo camino que emprendo, quiero comprender los problemas que atraviesan nuestra región, identificar soluciones que puedan generar impacto más allá de un territorio y, al mismo tiempo, entender que toda transformación comienza en lo local.
Muchas veces, el cambio empieza con un emprendimiento de barrio, con una organización pequeña o con una persona que decide transformar la realidad de la comunidad que tiene cerca.
El desafío está en acompañar esos procesos, ayudarlos a desarrollar soluciones, probarlas y validarlas en el territorio y, cuando funcionan, encontrar la manera de escalarlas para que puedan generar un impacto mayor.
Una visión compartida para el futuro
Por eso, para mí:
- Tener un ojo en el microscopio significa mirar lo local: aquello que está a nuestro alcance, los problemas que podemos conocer de cerca y el cambio concreto que podemos generar en nuestra comunidad.
- Tener un ojo en el telescopio significa entender que formamos parte de una región con enormes similitudes y desafíos compartidos, y que una solución desarrollada en un territorio puede convertirse en una oportunidad para muchos otros.
Mi misión es acompañar a emprendedores y organizaciones de impacto de Latinoamérica a desarrollar todo su potencial local: crear proyectos que transformen sus comunidades, construir soluciones que puedan ser probadas y fortalecidas en el territorio y, cuando estén listas, ayudarlas a crecer y generar impacto a una escala mucho mayor.
Porque creo que muchas de las respuestas que necesitamos para transformar nuestra región ya existen. Están en nuestros barrios, en nuestras organizaciones, en nuestros emprendimientos y en las personas que todos los días están intentando hacer las cosas de otra manera.
Tal vez el desafío no sea solamente crear nuevas soluciones, sino también encontrarlas, conectarlas, fortalecerlas y lograr que puedan viajar de un territorio a otro sin perder aquello que las hizo funcionar en el lugar donde nacieron.
- Una mirada cercana para entender las historias.
- Una mirada amplia para encontrar las conexiones.
- Y una mirada latinoamericana para pensar qué podemos construir juntos.





