El comienzo: un problema a resolver
Junto con dos amigos de la ciudad de Alta Gracia, Córdoba, empezamos a preguntarnos qué podíamos hacer con la enorme cantidad de residuos plásticos que veíamos desecharse todos los días, sin saber realmente a dónde iban a parar.
Cuando comenzamos a investigar, descubrimos que el problema del plástico era muchísimo más grande de lo que imaginábamos. Pero también descubrimos que esos residuos podían convertirse en materia prima para crear nuevos productos.
Fue así como encontramos la posibilidad de producir ladrillos ecológicos a partir de plástico reciclado. La idea nos encantó porque combinaba dos cosas que para nosotros eran fundamentales: por un lado, transformar un residuo en un nuevo recurso; y por otro, crear un producto de calidad que pudiera utilizarse en la construcción.
Entonces decidimos que esos ladrillos no solo debían ser una solución ambiental, sino también una herramienta para generar impacto social. Queríamos destinarlos a la construcción de espacios sociales y comunitarios, logrando que un mismo proyecto pudiera generar impacto ambiental y social al mismo tiempo.
Con ese espíritu nació EcoInclusión.
Los primeros ladrillos
Los primeros pasos de EcoInclusión fueron muy diferentes de lo que vendría después.
No teníamos una planta industrial ni grandes recursos. Empezamos con algo mucho más simple: un terreno que nos prestaron para poder trabajar, una bloquera y una hormigonera usadas.
Incluso nuestro primer molino triturador de plástico lo desarrollamos junto a un herrero local de Alta Gracia. Íbamos resolviendo cada problema a medida que aparecía.
Y eran muchos: conseguir el plástico, encontrar la manera de procesarlo, fabricar los primeros ladrillos y, sobre todo, encontrar dónde utilizarlos.
Para conseguir la materia prima empezamos a trabajar con municipios y comunas. Algunas de nuestras primeras experiencias fueron en Alta Gracia, Malagueño y Villa Los Aromos.
Así fuimos construyendo, paso a paso, un modelo que parecía simple, pero que implicaba resolver toda la cadena: recuperar los residuos, llevarlos a la planta, transformarlos y convertirlos en un nuevo producto.
Esa fue nuestra primera gran enseñanza: para transformar un residuo en un producto, no alcanza con tener una buena idea. Hay que construir todo el sistema que hace posible que esa idea funcione.
Estudios técnicos y primeras construcciones
Después de mucho trabajo, finalmente logramos producir nuestros primeros ladrillos.
Como utilizábamos una patente de uso libre a nivel mundial, queríamos asegurarnos de que el producto cumpliera con todos los requisitos necesarios para ser utilizado en construcción. Por eso llevamos los ladrillos al Laboratorio de Estructuras de la Universidad Nacional de Córdoba para someterlos a las pruebas correspondientes.
Realizamos los ensayos habituales para este tipo de materiales, entre ellos las pruebas de resistencia, y los resultados fueron muy buenos: el ladrillo era apto para ser utilizado en construcción.
A partir de ahí comenzó una nueva etapa para EcoInclusión. Empezamos a llevar nuestros ladrillos a las primeras obras comunitarias.
La primera fue en el Club Independiente de Alta Gracia, donde construimos un vestuario para el club de fútbol.
Todavía recuerdo ver los primeros ladrillos de EcoInclusión colocados en esa pared. Después de todo el trabajo, de todas las dudas y de haber empezado prácticamente desde cero, ver aquel muro construido con un residuo plástico que antes terminaba desechado fue algo increíble.
En ese momento entendimos que lo que habíamos imaginado podía convertirse realmente en una solución.
El crecimiento y búsqueda de modelo
Con este modelo empezamos a crecer.
Cada vez más localidades comenzaron a enviarnos sus residuos plásticos, mientras nosotros mejorábamos nuestra capacidad de producción, incorporábamos mejores máquinas y desarrollábamos nuevas construcciones.
También fuimos consolidando toda la cadena detrás del proyecto. Generamos alianzas con municipios y empresas para recuperar el plástico, conseguimos empresas que nos apoyaran y financiaron distintas construcciones, y fuimos fortaleciendo un modelo que combinaba impacto ambiental con impacto social.
Uno de los proyectos que más recuerdo fue el que realizamos en el barrio Nueva Esperanza, en Córdoba. Allí construimos un salón de usos múltiples para la comunidad, pensado para que pudiera funcionar como espacio de apoyo escolar y también para brindar atención primaria de salud, algo que hasta ese momento no existía en el barrio.
Después vinieron muchos otros proyectos en barrios vulnerables: obras pequeñas y grandes, pero todas con una misma lógica: recuperar residuos, transformarlos en materiales de construcción y convertirlos en infraestructura que mejorara la vida de las comunidades.
EcoInclusión estaba creciendo. El modelo funcionaba, las alianzas se multiplicaban y cada vez podíamos hacer más.
Pero en 2017, todo cambió.

Ganar el Desafío Google.org
En ese momento decidimos dar un paso más y nos presentamos al Desafío Google.org, una iniciativa que buscaba organizaciones capaces de utilizar la innovación para resolver problemas sociales y ambientales en América Latina.
Primero fuimos seleccionados entre los proyectos ganadores de Argentina. Eso ya era enorme para nosotros.
Pero todavía faltaba lo más difícil: la final regional.
Viajamos a Ciudad de México para presentar el proyecto frente a organizaciones de toda América Latina. Y contra todas nuestras expectativas, EcoInclusión terminó obteniendo el primer puesto regional.
El premio fue de USD 600.000, destinados a escalar el proyecto.
Para una organización que había comenzado años atrás en un terreno prestado de Alta Gracia, trabajando con máquinas usadas y construyendo nuestro propio molino, aquello significaba un cambio enorme.
Pero ganar el premio fue solamente una parte de la historia.
Porque después de la celebración apareció una pregunta mucho más difícil: ¿cómo hacemos para convertir este proyecto que funcionaba a pequeña escala en una organización capaz de crecer y generar impacto a gran escala?
Ahí comenzó una nueva etapa de EcoInclusión.
Cómo ganamos el Desafío Google.org y llevamos a EcoInclusión al primer lugar de Latinoamérica

De un proyecto local a Latinoamérica
Con los recursos obtenidos de Google empezamos a pensar en grande, pero también nos dimos cuenta de algo fundamental: no tenía sentido concentrar toda la producción en una única planta y trasladar residuos de un lugar a otro.
Si realmente queríamos generar un impacto a gran escala, teníamos que cambiar el modelo.
La idea fue abrir el conocimiento, capacitar a otras organizaciones y construir una gran red latinoamericana capaz de replicar la experiencia en distintos territorios.
Queríamos que cada ciudad pudiera hacerse cargo de sus propios residuos, transformándolos localmente en nuevos materiales y, al mismo tiempo, generando soluciones para sus propias comunidades.
Eso significaba trabajar especialmente con cooperativas y organizaciones de recuperadores urbanos. No queríamos simplemente comprarles el plástico: queríamos brindarles los conocimientos, las herramientas y el acompañamiento necesarios para que pudieran transformar sus propios residuos en ladrillos y utilizarlos en proyectos de construcción dentro de sus comunidades.
La visión empezaba a cambiar.
EcoInclusión ya no debía ser solamente una organización que reciclaba plástico y construía espacios comunitarios. Queríamos construir un modelo abierto y replicable, que pudiera adaptarse a distintas ciudades de Argentina y de América Latina, generando impacto ambiental y social desde cada territorio.
Con ese desafío en mente, y con los recursos obtenidos del Desafío Google.org, comenzamos a recorrer distintos lugares, reunirnos con gobiernos, empresas y organizaciones, y construir alianzas que nos permitieran llevar este modelo mucho más lejos.
La apuesta era simple de decir, pero enorme de ejecutar: que cada ciudad pudiera transformar sus propios residuos en recursos para mejorar la vida de su propia comunidad.
Más de 300 organizaciones capacitadas
A partir de ahí empezamos a construir una red cada vez más grande.
Generamos alianzas con empresas, gobiernos locales y gobiernos provinciales, y también trabajamos junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Durante esos años capacitamos a organizaciones en 9 provincias de Argentina, llegando a más de 300 organizaciones, tanto de manera presencial como virtual.
La experiencia también empezó a trascender las fronteras. Nos invitaron a compartir el modelo y dar conferencias en Chile, República Dominicana, México y distintos lugares de Argentina.
Pero lo más importante no eran las capacitaciones ni los viajes. Era lo que empezaba a suceder después.
Muchas de las organizaciones que capacitamos pudieron replicar el modelo en sus propios territorios: comenzaron a organizar sistemas de recuperación, recolectar residuos y transformarlos en nuevos productos.
Y encontramos algo especialmente interesante trabajando con cooperativas de recuperadores urbanos.
Muchas de ellas ya recolectaban plástico, pero existían determinados tipos de residuos que no tenían valor en el mercado. Como no podían venderlos, directamente los descartaban.
El modelo del ladrillo les permitió encontrar una nueva alternativa: triturar esos plásticos que antes no tenían valor y transformarlos en materiales para la construcción.
Así, el proyecto no buscaba reemplazar el trabajo que las cooperativas ya hacían, sino agregar valor a una parte de los residuos que antes quedaban afuera del circuito de reciclaje.
Era una situación en la que todos podían ganar: menos residuos destinados a disposición final, nuevos materiales para la construcción y una nueva oportunidad de generación de ingresos para las organizaciones que recuperaban esos materiales.
Y quizás ahí apareció una de las mayores enseñanzas de EcoInclusión: el impacto se vuelve mucho más grande cuando el conocimiento no se concentra, sino que se comparte y se multiplica.

Los reconocimientos que acompañaron el camino
A lo largo de estos años EcoInclusión recibió distintos premios y reconocimientos vinculados al impacto social, la innovación, la sustentabilidad y el emprendimiento.
Entre ellos se encuentran:
- Premio Latinoamericano a Mejor Proyecto Sustentable de la Red Universidades ILUMNO.
- Ganadores de Tics Américas del Young Americas Business Trust y la OEA.
- Reconocimiento del Ministerio de Ambiente de la Nación.
- Distinción Jóvenes Sobresalientes de Fundación y Editorial TAEDA.
- Reconocimiento dentro de programas de innovación de CorLab / Municipalidad de Córdoba.
- Reconocimiento de BBVA y RACI por proyectos de inclusión social.
- Primer puesto regional del Desafío Google.org LATAM.
Los premios fueron importantes, pero sobre todo funcionaron como una validación externa de algo que veníamos construyendo desde hacía años.
También nos abrieron puertas a nuevos contactos, alianzas y oportunidades.

EcoInclusión en números
A lo largo de estos años:
- +12 años trabajando en economía circular e impacto.
- +300 organizaciones, cooperativas y municipios capacitadas.
- 9 provincias argentinas alcanzadas por distintas experiencias y proyectos.
- 4 países de América Latina alcanzados por actividades de capacitación y transferencia.
- +500 empresas e instituciones vinculadas a iniciativas y programas de recuperación o gestión de residuos.
Próximos pasos
Hoy nuestra mirada está puesta en llevar este impacto a toda América Latina.
Con el tiempo entendimos que reciclar por sí solo no es suficiente. El desafío es mucho más profundo: necesitamos transformar el modelo de economía lineal en el que producimos, consumimos y descartamos, y avanzar hacia una verdadera economía circular.
Por eso, en EcoInclusión buscamos acompañar a personas, organizaciones y proyectos que quieran transformar residuos en nuevas oportunidades. No entendemos la transformación del plástico como un fin en sí mismo, sino como un motor de cambio para activar nuevos emprendimientos, generar trabajo y desarrollar soluciones en cada territorio.
Queremos que cada comunidad pueda encontrar sus propias oportunidades dentro de la economía circular: recuperar sus residuos, transformarlos, generar valor y convertirlos en productos y soluciones que respondan a necesidades reales.
Fuentes y notas
- La Voz del Interior: Fundación EcoInclusión, desde Alta Gracia suman ocho años de experiencias fabricando ecoladrillos
- Infobae: Fundación EcoInclusión, transformar la basura en algo productivo
- La Nación: Ex compañeros del colegio fabrican ladrillos ecológicos con desechos de plástico
- La Nación: Otra manera de construir: transforman botellas PET en ladrillos





